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Golobart: Els millors esportistes seran aquells que siguin capaçps d analitzar-se per a veure els seus errors i millorar

Fútbol con faltas de ortografía

Los buenos futbolistas serán aquellos capaces de analizarse para ver sus errores y mejorar


JOAN GOLOBART | 13/02/2010 | LA VANGUARDIA


No es la primera vez que gracias a La Contra encuentro frases que se relacionan íntimamente con mis reflexiones de los últimos días. Parece una casualidad, y debe serlo, pero no deja de impresionarme que aquellas conclusiones que te rondan la cabeza encuentren alguien que sea capaz de expresarlas en una sola frase. Por eso me quedé de piedra el pasado jueves cuando cogí La Vanguardia y miré la última página. Ahí estaba la fotografía de Sara Baras, y más arriba, una frase: "El flamenco se baila con faltas de ortografía, porque, cuando se aprende, el error es la oportunidad de reinventarlo".
Durante mi etapa de profesional en el fútbol viví de forma negativa mis errores. Es más, me negué a convivir con ellos, hasta el punto de negarme a ver los resúmenes de los partidos. Me avergonzaba, no me gustaban nada algunos momentos determinados de mis actuaciones. En más de una ocasión lo hablé con mis compañeros y a la gran mayoría le sucedía lo mismo. En ese momento no hice un juicio de valor de mi actitud. En cierta manera parecía incluso un acto de humildad. Podía ser algo propio de una persona capaz de ser crítica consigo misma hasta el punto de no gustarse en absoluto. Nada más alejado de la realidad.

Hoy sé perfectamente lo que me sucedía. Mi actitud era fruto de la suma de una ausencia notable de humildad y de una gran inmadurez.

La falta de humildad es evidente. No me fastidiaban mis errores, sino la imagen que se proyectaba del Golobart futbolista. También la inmadurez, incapaz de comprender que lo que te desarrolla como persona es el afán de superarse, no los resultados inmediatos. De la capacidad de reflexionar para superar esas faltas de ortografía,para entonces aún cometer otras y volver a currártelo. La inmadurez que supone el no entender que los errores forman parte de uno y que lo que debemos exigirnos es reconocerlos, luchar para superarlos y entonces enfadarnos si los volvemos a cometer. Pero comprender también que si los superamos después nos esperan otros y sólo queda luchar para mejorar. Uno no puede huir de esta realidad, ni tampoco caer en el victimismo tan imperante en nuestra sociedad. Querer mejorar, querer crecer, te obliga a cuestionarte un día tras otro sin caer en la obsesión ni en los complejos.

Todas estas reflexiones rondaban mi mente porque quería ordenarlas para transmitírselas de la manera más efectiva posible a uno de mis mejores amigos, porque su hijo está asomándose a la élite del mundo del fútbol. Y evidentemente la amistad hace que su gozo sea el mío por partida doble, porque me siento feliz por su hijo y por él. Muchas veces tratar estos asuntos es complejo, porque puedes dar una vuelta de más a la tuerca y entonces acabas provocando un perjuicio en vez de una mejora. Y la verdad es que mi capacidad verbal no acaba de encontrar la manera de definir las cosas. Hasta que llegó a mis manos La Vanguardia del pasado jueves. Y Sara Baras, respondiendo a las preguntas de Lluís Amiguet, me resolvió el problema con sus faltas de ortografía.

Actualmente, y aún más en el futuro, los buenos futbolistas serán aquellos que sean capaces de analizarse a través de las imágenes. Y los más afortunados, aquellos que sean capaces de contratar a alguien para que les facilite esa labor y que establezca un orden de prioridades para las mejoras. Quizás será un apartado que deban englobar los representantes, pero desde una perspectiva de máxima profesionalidad. Espero con ilusión que el hijo de mi amigo entienda que cometerá faltas de ortografía, y a través de ellas será capaz de reinventar su fútbol, porque si lo hace demostrará que tiene la suficiente humildad y valor para ser tanto un gran futbolista como una gran y mejor persona.